miércoles, 23 de marzo de 2011

Conciencia


Fue en aquel momento cuando se dio cuenta de lo miserable que era todo.
Salió de casa, y llovía. Eran gotas suaves pero caían sin cesar, como el recuerdo 
de un fantasma perdido en su memoria, que golpea las páginas de su alma hasta 
destruirlas por completo.
Las luces de las farolas iluminaban unas calles que apestaban a tristeza. 
El olor de su tristeza, que impregna cada lugar que él visita, que toca o que ve.
Pero como la casa que se mantiene firme en el ojo del huracan, 
observa y observa y piensa, desgranando su problema capa por capa,
 para ver como una nueva pregunta se plantea tras cada nueva conclusión. 
Y descubre que son esos problemas los que le arropan en las noches frías de invierno;
 es ese dolor el que le mantiene vivo.
Es esa tristeza la que le hace ver las cosas en todo su esplendor, 
como un espectador ciego que recupera la vista justo para ver como se pone el sol tragado 
por un mar en calma.

4 comentarios:

Marián dijo...

La tristeza se desgrana en preguntas que se fagocintan en cascada...la conciencia del ser o no ser....
Precioso...suscita preguntas sobre preguntas...
Un beso.

La susodicha dijo...

La vida sin esa alteridad, seria un escenario plano... Veo.

Vanity dijo...

Lo miserable que era TODO. Ese todo, sin exepción, me atrae como un imán a una nevera o como una 110 a mi miembro viril. El apestar a tristeza, otro delirio que comparto.

Un abrazo, pronto movidas!!

VD

Mariette dijo...

Encuentro tristeza a patadas por blogger.