sábado, 22 de enero de 2011

La tormenta llamó a mi puerta


Disfruta de ti mismo
que la noche está al caer
y viene la muerte a buscarte.
Sonríele y pregúntale si va de mi parte
 
 
 
  
 
 
 
 
 
 
 
¿Como podemos empezar?
¿Sentados en un sofá  escuchando a Charles Mingus en un aparato de música que se cae a pedazos?
Sería un buen comienzo.
Podríamos empezar hablando de la paz del espíritu dentro de una habitación pequeña,
donde imperan un cenicero, un porro y el sonido de un saxo cabalgando las bocandas de humo
que escapan de los labios moribundos de un autopensador agobiado,
mientras fuera en la calle gobierna la desesperación y el caos en forma de calles simétricas y quinceañeras sonrientes,
que se dirigen hacia sus respectivas escuelas pensando en llegar pronto a casa para empezar su sesión nocturna de teatro de marionetas. 
 
A mi no me va a importar, mi mundo está concentrado en el perezoso humo que escapa de mis labios y nariz. 
Mi mente ha quedado en blanco por fin, destruida por la mezcla de tabaco y marihuana.
Aun así creo que no sería un comienzo apropiado.
No, porque la ventana está abierta, 
y todo ese caos de sensaciones y emociones chocan irremisiblemente hasta el punto de no saber dónde comienza una y acaba la otra; 
y aun así podría levantarme y cerrar esa maldita ventana.
Pero no  me levanto. 
Me quedo en mi sofa esperando que una corriente de aire la cierre, o confiando en que, tarde o temprano, me entrará frío
y tendré que levantarme para seguir cómodo.
Pero llega el frío, tiemblo, y aún así sigo sentado sin esperanzas de alzarme sobre mis piernas, dar tres pasos, coger la manilla del cristal 
y presionarlo contra la jamba hasta que el frío desaparezca.
En vez de eso me arrastro como un desgraciado y sólo consigo alzarme para patear esa maldita ventana.
Es ese cristal el que separa mi felicidad del resto del mundo, el que me despoja de mi agradable atmósfera de indiferencia  hacia  todo,
excepto hacia a mí mismo.
Ahora la ventana se ha roto y el suelo está bañado de pequeños pedazos de paraíso, que se difuminan mientras Mingus sigue con su ritual,
y mi porro se deshace en el suelo junto a mí.
 

1 comentario:

Vanity dijo...

Sí Sí Sí, tu primer seguidor y tu primer comentarista. Qué lujazo. Como comentamos, estos textos pintan como un debut prometedor. A partir de ahora, regresaré por estos lares a gozar de las novedades.

Un abrazo!

La profesora era lo más chungo que te puedas imaginar. La esperamos a la salida cuando quieras.

VD